Se fugaron para seguir luchando

Por: Colectivo Indymedia Córdoba  / En febrero de 1974, durante el gobierno de Perón, en Córdoba tuvo lugar el “Navarrazo”: el jefe de la policía, Antonio Navarro, tomó la casa de gobierno y destituyó al gobernador, Obregón Cano y al Vice gobernador, Atilio López, que posteriormente sería asesinado por la Triple A. y la provincia fue intervenida. La fuga del 24 de mayo de 1975, donde veintiséis presas políticas recobraron su libertad y se reincorporaron a la lucha, se produjo en momentos en que el designado interventor de Córdoba, Brigadier Lacabanne, presidía el Tedeum en el Teatro Rivera Indarte (hoy Libertador San Martín).

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Cristina Salvarezza y María del Carmen Claro, protagonistas de la fuga, recuerdan estos hechos.

– En el Buen Pastor hay un episodio, que vos empezabas a comentar, que es el de la fuga, del que hay muy pocos registros. ¿Nos quieren contar un poco cómo fue?

Cristina: Bueno, nosotras no te podemos contar mucho porque no sabíamos todo, seguramente las compañeras que eran la dirección en la cárcel de las distintas organizaciones, sabrían más detalles. Después nos enteramos más o menos cómo había sido. Este era el segundo intento de fuga, ya las compañeras habían estado a un milímetro real de revoque para salir cuando las descubrieron, tres meses antes, en marzo del 75. En ese momento se frustra la primera fuga.

Vos caminabas por el patio, ibas al baño, ibas a la cocina, y era mirar por dónde te podías fugar. Nuestra misión era ver por dónde nos podíamos fugar, y estábamos en pleno año 75.

– ¿Cuál era el sentido de la fuga?

Cristina: Tomar nuestro lugar de lucha afuera. María lo explica muy bien, una compañera nuestra, que dice: “yo no entendía porqué a mí me habían privado de la libertad. Yo era enfermera en el (Hospital) Rawson, yo luchaba para tener más camas, para que los atendieran mejor a los enfermos, para tener más médicos, más insumos, y a mí me detuvieron por eso, entonces era injusto que yo estuviera presa, entonces yo tenía que salir en libertad. Ya que la justicia no me la daba, por eso me fugué”. Nosotras pensábamos que era así, volver a ocupar nuestro lugar de lucha afuera, con los riesgos que eso significaba, que estuvo muy bien planteado por las compañeras al preguntarnos una por una si nos queríamos fugar, y los riesgos que significaba salir de la cárcel, pasar a la clandestinidad, y seguir militando. Y ninguna compañera dijo que no.

– ¿Cuántas compañeras se fugaron?

– Carmen: Veintiséis

Cristina: Fueron veintiséis. En el transcurso de la vida, murieron, por distintas razones, dos de las presas. Nueve están desaparecidas, y el resto, quedamos vivas. Vivas, cuando digo vivas, quiere decir vivas, hablando, estando, participando.

– ¿El operativo de la fuga fue coordinado por varias organizaciones?

Cristina: Sí, nosotras no sabemos los detalles, pero sí yo vi, cuando corría por la calle hacia el auto que estaba destinado, es que debe haber habido una coordinación, porque una compañera peronista se subió a una moto, que yo nunca supe que iba a haber una moto, y cuando la vi, era su compañero el que la llevaba. O sea que coordinaciones, hubo. Pero sí el sentir de las compañeras, y nosotras estamos preparando una película documental testimonial, la última compañera que si podía se iba a fugar, era una compañera embarazada, ella dijo “yo tenía tal seguridad que todo iba a salir bien, que yo dije seguro que no me tengo que volver de la ventana” y saltó con ocho meses de embarazo, por la ventana de la cocina que da a la plazoleta donde estaban (las esculturas de) los tres monos que se robaron, ahora quedó la fuente sola. Por allí saltó al camión y después la ayudaron a bajar y salió.

– Carmen: La fuga fue una acción muy prolija, tanto los compañeros hicieron de afuera fue muy bien coordinado con lo que las compañeras hicieron de adentro.

– Con el camión arrancaron la reja de la cocina.

Cristina: Ahí hubo un problema. El camión llegó con los garfios y las cadenas. Cuando van a poner los garfios a los barrotes, para tirar la reja con un camión que tenía una potencia enorme, no podían entrar los garfios, porque pegado a la reja había un alambre tejido gruesísimo que nos llevó ponerles nosécuantos kilos de dulce de membrillo y no se logró corroer ni un milímetro. Un alambre más grueso que el dedo gordo. Entonces tuvieron que ver si en la caja, de causalidad, del camión que de casualidad habían encontrado, había algún alicate y la fuerza para cortar ese alambre. La cuestión es que lo lograron cortar, engancharon los garfios y empezaron a tirar, y los cascotes estaban cayendo, y yo que estaba bastante más atrás para saltar, todavía iba saltando y los cascotes iban cayendo arriba nuestro. Y ahí saltamos a la libertad.

Quería decir que la Secretaría de Derechos Humanos nos ha prometido un subsidio para hacer la película testimonial, y tenemos que viajar mucho, recoger muchas cosas. tenemos 24 horas filmadas, pero muy caseritas, queremos profesionalizarlo, y posiblemente nos llegue ese subsidio, entonces estamos muy entusiasmadas para que participen todas las compañeras y el señor del frente del Buen Pastor, que localizamos el otro día, y la hija nos decía que él se puso muy feliz de ver cómo iban saltando las presas políticas y que se quedó calladito, no avisó a la policía, no dijo nada, y veía cómo saltábamos nosotras ahí sentado en la puerta sobre la Hipólito Irigoyen.

Después, hay miles de anécdotas, algunas te voy a decir que son imaginarias, algunas vienen y nos cuentan y nosotras decimos pero esto no puede ser que haya sido así, porque en este colectivo imaginario, la gente imagina cosas.

Yo te voy a contar una: yo me había recibido de arquitecta hacía poco, y trabajaba en Villa Chacras de la Merced, la gente había tomado unos terrenos altos, entonces todos los estudiantes íbamos a marcar terrenos, etc., porque se habían inundado con la creciente de río. Entonces, ese camino, por muchos años ellos lo desviaban y habían hecho una zanja distinta, porque para ellos yo estaba ahí, muerta, y salía de noche y me les aparecía. Y yo les llamaba, con mi voz, y todo. Y contaban cosas mías, anécdotas mías. Yo nunca estuve desaparecida, estuve presa, me fugué, luego nació mi hija, después secuestraron a mi marido, y recién en el 78 me fui al exilio. Y ellos, en todo ese tiempo, me vieron a mí muerta y que salía a la noche y les hablaba. Y cuando volví, en el 82, y me fui a verlos, ¡casi se mueren! Pero ellos necesitaron crear, que yo les decía hagan esto, hagan lo otro, que formaran una cooperativa…

– Y hablando de memoria, una compañera que vos mencionabas, Idilia, siempre recuerda que en el momento de la fuga, se estaba llevando a cabo un importante acto oficial a pocas cuadras.

Cristina: En ese momento se llamaba Teatro Rivera Indarte, después fue cambiado a Libertador San Martín, y era la noche del Tedeum, famosa, y Lacabanne diciendo su discurso, “la subversión está totalmente aniquilada en Córdoba”, y le tocan el hombro –salen registros de canal 10, que después mandó a secuestrar las películas-, y alguien de ceremonial le dice “se le fugaron las presas políticas del Buen Pastor”. Dicen que se le transformó la cara, y enloqueció. Y así como Lacabanne se transformó, los diarieros cantaban “¡se fugaron las chichís de Córdoba!”

– Carmen: Además, quería contar que en la operación del Buen Pastor, hubo todo un trabajo externo en la ciudad, que hizo que las fuerzas policiales se movilizaran atrás de pequeñas acciones que iban distrayendo de lo que iba a suceder ahí, que era en pleno centro.

Cristina: Eran actos relámpago, que nadie sabia porqué se hacían. Se cortaban determinadas arterias, de tal manera que quedó rodeado el Buen Pastor, y separado de la Policía Federal, que está a dos cuadras, de Gendarmería Nacional, separado del Cabildo, del Comando Radioeléctrico, se cortaron todas las comunicaciones, o sea que al Buen Pastor se lo aisló, como si dijéramos que era una zona liberada, y allí se produce la fuga, sin ningún inconveniente.

También hay dos cosas muy importantes para decir: hay gente que dice que gracias a las monjas no mataron a tres compañeras que querían llevar a ver la ventana. Porque luego de la fuga, entró toda la patota de Informaciones en el acto, de la D2, toda armada. Y les decía que fueran a ver por dónde habían escapado las compañeras. Y bajó la monja, toda almidonada y compuesta, y les dijo “no, no van”. Lo mismo el servicio penitenciario, también dijo lo mismo, arriesgando su puesto. Pero si nosotras analizamos que les podía costar a las monjas que les quitaran la concesión de la cárcel por la inseguridad que brindaban las instalaciones, y que la “pobre señora” del servicio penitenciario, era en su guardia que se le habían fugado las presas, no podía cargar una muerte, comprendemos que era el gran cagazo que había de que esto no ocurriera. No era una cuestión de solidaridad con nosotras, eso tiene que quedar bien claro. Ellas estaban de la vereda del frente, nos cuidaban que no nos fugáramos, no eran nuestros enemigos principales, pero eran nuestras carceleras.

– ¿Qué significan los 24 de mayo para ustedes?

Cristina: Nosotras tenemos un ritual acá en Córdoba, somos tres. Entonces Idilia nos llama, y a veces nos tomamos un vino, a veces comemos, tomamos un té, vamos al cine. Todos los 24 de mayo nos saludamos y estamos juntas, sobre todo con Idilia. No sé qué pasa en el resto del país, porque han vuelto a sus provincias, las compañeras, y no sé si se ven. Ahora nos juntamos hace poco para una mateada, pero no nos preguntamos qué hacemos los 24.

– Carmen: No en el caso de Cristina, porque ella salió al exterior y tuvo otro continente afectivo y político, pero otras compañeras que estuvieron en la fuga y después a su vez estuvieron presas, hicimos un grupo que nos vemos más seguido, porque estuvimos presas seis, siete años en la época de la dictadura militar, y a raíz de eso estrechamos más vínculos, en otra etapa. Y específicamente, la segunda vez que a mí me liberan, cuando estaba en Devoto en el 83, yo salgo el 25 de junio. Entonces el 24 y 25, medio que ahí no más estoy al toque de las dos fechas. Y la verdad es que no me olvido, es como un cumpleaños. Del momento de la libertad, no sé si alguien se olvida.

– Nota publicada el 23 de marzo de 2008 –

Nota relacionada: “Paseo” del Buen Pastor: una fuga hacia la memoria

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