“Paseo” del Buen Pastor: una fuga hacia la memoria

Por: Colectivo Indymedia Córdoba  /

En torno a la recuperación histórica del significado del 24 de marzo de 1976, existe en Córdoba un sitio que presenta todas las contradicciones: fue durante casi cien años una cárcel de mujeres, y desde años previos a la dictadura y durante la misma, albergó a mujeres presas políticas. Hoy, convertido por la administración provincial en un “paseo” y centro artístico y comercial destinado al consumo de sectores de altos recursos -y en cuya inauguración en agosto del pasado año participó la entonces senadora Cristina Fernández junto al gobernador De la Sota-, albergó varias de las actividades oficiales alrededor de la conmemoración del 24 de marzo.

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María del Carmen Claro y Cristina Salvarezza, son expresas políticas que estuvieron detenidas en la Cárcel del Buen Pastor. Sus voces han sido ignoradas y silenciadas repetidas veces, y por eso decidieron intervenir el lunes 17 de marzo en una conferencia de apertura de las actividades oficiales, para hacerse escuchar, y para dar un espacio a las nueve “desaparecidas del Buen Pastor”.

En esta entrevista, realizada conjuntamente con las compañeras de la Red Nosotras en el Mundo en su estudio, nos comentaron sus experiencias durante esos años, la vida en la cárcel del Buen Pastor, el dolor y la impotencia ante la transformación de ese espacio, y recuperaron un hecho histórico del que pocos registros existen: la fuga de 26 presas políticas el 24 de mayo de 1976. Aquí va la primera parte.

Queríamos charlar con ustedes, conocer sus historias.

– Carmen: Yo soy María del Carmen Claro, soy de Paraná y estaba estudiando en Córdoba. Hacía poco tiempo que había venido. Era militante estudiantil, y había venido un poco en pañales, sin mucha idea de lo que era la revolución, los cambios profundos ni la sensibilidad popular, y ante el 11 de septiembre del 73, el gran golpe de Chile, fue una conmoción para mí. A partir de ahí me empecé a acercar. Había toda una ebullición, un trabajo de la militancia, una movida muy grande, en Córdoba. Además había estado no hacía mucho Dorticós de Cuba, había sido la asunción de Cámpora… empecé a militar en el ambiente estudiantil, muy comprometida en el sentido de que cuando me di cuenta de que la cosa pasaba porque me parecía que no tenía que haber división de clases, todo me parecía raro, llegaba a mi casa y contaba, le decía a todo el mundo, a mi papá, y las grandes discusiones, ¿cómo no podían entender algo que era tan evidente? Ahí empecé, y luego ingresé al Partido, el PRT, que me instruyó, me ayudó a que entendiera un montón de cosas.

– ¿Qué estudiabas, María?

– Carmen: Arquitectura. Estudiaba y también trabajaba. Y trabajaba, estudiaba, militaba…

– ¿Qué edad tenías?

– Carmen: Veinte cuando llegué a Córdoba, veintiuno, veintidós… más o menos.- ¿Cuándo llegás al Buen Pastor?

– Carmen: Yo empecé a militar más o menos en el 74, y ya en marzo del 75 me detienen. Me detienen en una pensión, y toda la taquería en la pensión, como a todo el mundo, a los sopapos limpios, nos sacaron de ahí, y me llevaron a Información, a la D2. Ahí estuve con muchos otros compañeros que también estaban detenidos, todos por la misma causa. Ahí fue muy terrible, creo que todo el mundo sabe lo que fue el D2.

– Recordemos que la D2 funcionó en el Cabildo Histórico de la ciudad, en el Pasaje Catalina, en pleno centro. – Carmen: Esa era la parte donde te llevaban, te detenían, tus captores te llevaban ahí, donde había torturas, vejaciones, violaciones. Córdoba se anticipó a otras provincias, la represión fue mucho más cruda desde el 74. Y las condiciones de vida, incluso, de las cárceles, en esa época, en Córdoba y Tucumán, eran específicamente más duras.

– ¿Cuánto tiempo estuviste en el D2?

– Carmen: Yo no recuerdo cuántos días estuve, pero fueron como seis o siete, fácil.

– Y de ahí, ¿al Buen Pastor?

– Carmen: Y de ahí me llevaron al Buen Pastor…

– Cristina, no sé si vos querés contar también.

– Cristina: Yo quería retomar lo del 73, porque estoy en un ambiente que es muy favorable a hablar de la mujer, yo estaba muy ligada a las compañeras de CETERA en ese momento, y fue el pico máximo de la lucha de la mujer en la calle. Lo que significó el derrocamiento de Salvador Allende, fue el Mendozazo en Argentina, protagonizado por las docentes, la primer movilización más grande que hubo en la historia argentina de mujeres, y fueron mujeres docentes para la formación de la CETERA, en ese momento. Las horas de trabajo, las reivindicaciones específicas del gremio. Y fueron golpeadas, y fueron encarceladas, perseguidas, todas las compañeras. Y acá tuvo sus ecos también, en la calle.

Y lo que quería decir, que cuando la “Campe” (así le decimos a Ma. del Carmen cariñosamente) llegó al Buen Pastor, nosotras ya teníamos muchos meses –yo pocos, pero había otras compañeras que hacía muchos- que venían trabajando para que el Buen Pastor fuera una cárcel digna, donde no hubiera más requisa vaginal, por ejemplo, donde hubiera trabajo productivo, que el tiempo de la cárcel fuera un tiempo útil, donde en la cárcel se pudiera militar. Yo tuve la oportunidad de pasar mucho tiempo con las presas comunes, que fue recuperarlas de la droga, recuperar un proyecto de vida, muchas de ellas eran el único sustento y apoyo de sus familias afuera, poder incorporarse a los trabajos productivos para luego apoyar a su familia, tenían hijos. Fue una lucha constante, porque teníamos muchos frentes ahí. Que la droga, que el servicio penitenciario, que la huelga de hambre, que sacaban a una compañera y no sabíamos si volvía, fue terrible. Si hablamos de la cárcel, fue un frente de lucha nuevo, no sabíamos, nadie nos había dicho qué teníamos que hacer ahí adentro, pero conflicto que se presentaba, conflicto que salíamos y dábamos respuesta, e inventábamos una línea política para llevarla adelante. Y cuando ella llega, eso ya está, somos nosotras un poco las que estamos marcando, con los límites que tiene una cárcel, las cosas como tenían que ser, ¿no? por eso nosotras nos fugamos por la cocina, porque logramos que no nos dieran la comida ella, sino que la preparaba una compañera que era especialista, era médica y hacía todo el régimen de comida, nuestra querida Idilia, entonces entraba la comida y había cocineras, nosotras nos turnábamos, la comida para los bebés, la comida para nosotras, y con eso logramos mejorar nuestro régimen, y nuestros estómagos, y tener una comida digna. A lo mejor, con un kilo de carne, ¡hacíamos unos guisos exquisitos!

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Las marcas de la memoria están muy presentes. Durante uno de los encuentros previos a la entrevista, conversando sentadas en uno de los patios del Buen Pastor antes de intervenir en la conferencia, Cristina no pudo evitar que notáramos su repentino sobresalto: en los techos del “¨paseo”, allí donde hoy hay una chimenea, le pareció ver, como entonces, a un guardiacárcel apuntándola.

– ¿Cómo fue regresar a este lugar, a la Capilla del Buen Pastor, 35 años después?

Yo creo que por eso fue tan terrible ayer para mí, yo me sentí muy mal, pedir el micrófono para que por primera vez se escuchara la voz nuestra, y sobre todo que queríamos que se escuchara la voz de las nueve compañeras desaparecidas, fue muy fuerte eso. Yo sentía que estaba en un lugar represivo ahí adentro, que no podía robarle mucho tiempo a los dos expositores, que estaban programados desde hace mucho tiempo y que el público había ido a escucharlos a ellos, no a mí. Que era una programación con tiempo, hora, hecha por la Secretaría de Derechos Humanos, con todos los minutos contaditos, y demás. Y yo fui a romperles todos los esquemas. Me pidieron (el Secretario de Derechos Humanos) que fuera corta, y no fui corta, me fui, me fui en el tiempo. No podía parar. Después de muchos años de silencio, en que nadie nos escuchó, porque nadie nos pidió a nosotros, que éramos nosotras y las presas sociales del Buen Pastor, somos los únicos interlocutores válidos. No sé qué decirte, yo entro y a mí me da mucha tristeza tratar de descubrir adónde dormía, donde caminábamos, adónde cocinábamos, porque en todos lados está el “paseo”, y lo nuestro no era un paseo, la palabra te lo dice, era una cárcel. No había árboles, no había estructuras transparentes, todo era cerrado. No pretendemos seguir con un lugar cerrado, pero que nos hubieran preguntado, sobre todo a las que seguimos ligadas a trabajos sociales en los barrios. ¿Qué pasa con la mujer golpeada, a dónde va? ¿Hay un lugar adonde pueda dormir una mujer golpeada, hoy, un niño en la calle? ¿Dónde los contenemos? Si no hay espacios físicos. Por supuesto que tampoco hay instructores, personal especializado que los contenga… éste es el país que nosotros no queríamos, nosotras no luchábamos para esto, y estas nueve compañeras desaparecidas, desaparecieron para que esto no ocurriera. Jamás se hubieran imaginado, por eso es tan fuerte, que esta cárcel fuera un paseo, donde va otra clase social, los niños de los barrios no pueden ir, ¿qué van a ir a comprar?

– Carmen: Ayer yo llegué un ratito antes, y le preguntaba a ella dónde estaba el pabellón, y me explicaba, pero yo no lo podía ver, no podía ubicar los espacios, no lo podía creer. Ella me explicaba que fue siguiendo el trayecto de lo que fueron rompiendo, demoliendo, iba de asombro en asombro. Al final pude ubicar por lo que Cristina me iba diciendo, dónde estaba nuestro pabellón, dónde estaba el patio…

– Más que una reconstrucción de la memoria, fue una demolición de la memoria.

– Carmen: Claro, ese espacio, donde nosotras estuvimos por razones ideológicas, donde luchamos por esa sociedad que quisimos que hoy no puede ir ahí, es antagónico, parece una ironía del destino. Pero ya sabemos que no es el destino.

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-¿Cómo se mantiene esa memoria en el resto de las personas que lo vivimos, por distintas circunstancias, desde afuera?

Cristina: Por eso te preguntarás porqué después de más de treinta años, recién vamos a hacer el primer documental testimonial, porque hubo un hecho que fue disparador, que es el paseo, el Buen Pastor. Fue un disparador que nos produjo mucho dolor, nos ignoraron directamente, y aun en un gobierno democrático, no estamos hablando de un gobierno militar que quiso borrar una cárcel. Pero yo creo que de todos modos, la memoria está. Porque los obreritos del Km 9 y medio, que son los chicos de Chacras de la Merced, retomaron muchas de las banderas que nosotros dejamos en aquel momento cuando nos detuvieron, y las continúan, y hacen una revista, “Los obreritos del 9 y medio”. Ellos fueron oralmente transmitiendo a través de Doña Petrona. Doña Petrona, que ya murió, dejó un libro escrito para los chicos, y la historia fue oralmente repitiéndose, retomaron algunas cosas, otras las dejaron. En un momento, Doña Petrona, en su libro –que es un cuaderno Gloria de 48 hojas-, dice: “Y los voluntarios que venían, tendrían sus ideas políticas, pero nunca nos las quisieron imponer”. Y fue así, aprendimos de ellos, y ellos aprendieron de nosotros, y así era una construcción colectiva.

– Carmen: Además, muchas compañeras están en organismos de derechos humanos, han escrito libros, están permanentemente latiendo la memoria, repitiendo mil veces lo que vivimos, a veces con dolor, incluso ahora con los juicios.

Cristina: Hay algo que tenemos las presas del Buen Pastor, y es que nunca escribimos nada, y nos preguntamos por qué. Nunca escribimos nada, porque no tenemos nada, porque el día de la fuga tuvimos que romper, destruir, tirar, todo ese papelito de amor, político, análisis, lo que tuviéramos escondido, que le llamábamos berretín, debajo de un ladrillito, o en nylon, en un marco… destruir todo, y también nuestras familias tuvieron que destruir todo, para que no quedara ningún indicio, ningún teléfono, ningún lugar de referencia donde nos pudieran encontrar. Entonces no tenemos elementos para reconstruir, sobre todo, como fue el libro de las presas de Buenos Aires, que se hace en base a las cartas. ¿Vos estuviste también en Devoto, no?

– Carmen: Sí, yo estuve seis años y pico en Devoto, y escribimos el libro “Nosotras, presas políticas”.

– Para terminar, quería preguntarles qué significó y qué proyección tiene la intervención que hicieron el lunes 17 de marzo, en la Conferencia en el Buen Pastor, ese lugar que no habían sido invitadas.

Cristina: Yo reviví mucho miedo, miedo, miedo, es la palabra, y mucha presión sobre mí, porque yo estaba decidiendo por todas las compañeras. No sólo estaba hablando de las nueve compañeras desaparecidas, sino que me estaba poniendo en juego ante las compañeras que están vivas, que yo entrara al Buen Pastor. Porque la idea era que no íbamos a entrar. Pero una hora antes, dijimos vamos a ir, y vamos a ver si nos pueden dar un micrófono para hablar. Pero no sabíamos a quién pedirle eso. Teníamos esta cartilla que decía “Lunes 17, 19 hs., Paseo del Buen Pastor, Marcas del golpe de estado de 1976 en la construcción de un pensamiento nacional y popular, Ernesto Jaureche y Federico Lorenz”. Y dijimos, vamos a la vereda y les pedimos si nos pueden dejar. Entonces fue ver cómo hacíamos para que estas nueve compañeras estén presentes, pero a la vez, quién pone el cuero para entrar a decir esto. Y quién entra de nuevo a esta capilla, y quien habla por ellas. Y te sentís sola, realmente ahí. Porque no están las compañeras. Estaba la Campe, me doy vuelta y la veo a la hija de Sonia Blesa, Idilia… y le pedí a Jaureche si me podía prestar el micrófono para nombrar a las nueve compañeras desaparecidas del Buen Pastor, junto al secretario de Derechos Humanos, que me dijo que si era corto, sí. Y yo decía, ¿cómo hablo de las nueve compañeras, que pensaba caracterizar a cada una de ellas, hacer un contexto de porqué nos habíamos fugado…? Entonces Jaureche me presentó, le tiré el bastón a Idilia al diablo, pasé por arriba de no sé quién, pero yo ya estaba parada al frente con el micrófono en la mano. Entonces hice un pequeño contexto de porqué se produce la fuga, cómo, cuándo, quiénes éramos y empecé a nombrar a las compañeras con alguna característica, personal y política. De la que más me acuerdo es de Helena M. Harriague, viuda de Quiroga, desaparecida, que su hijito se llamaba Sabino, y no me cabe la menor duda de que todos sabían porqué su hijito se llamaba así, y con qué orgullo ella le decía que llevara ese nombre, qué fue Sabino para el campo revolucionario. Hasta que llegó el turno de Sonia Blesa, que su hija estaba allí, que nació después de la fuga, y que solita estaba sentada esperando a ver qué decía yo de su mamá, y realmente Sonia fue un cuadro político que nos enseñó muchísimo a nosotras, a analizar situaciones, a aprehender la realidad, a ver cómo la transformamos, y en la cárcel siempre fue nuestro ejemplo, y que le decíamos alias “la quinielera”, porque cuando a ella la detienen en una esquina en Alta Córdoba, se come unos papelitos, y la policía cree que ella levantaba quiniela. Porque en esa época la quiniela no era legal, vos ibas a un quinielero clandestino, al “loro”, por lo general. El “loro” era un quinielero, que terminó muerto en el campo de concentración de la casa de Hidráulica, por no querer compartir sus ganancias con el comando Libertadores de América, formado por La Perla y la D2. Y entonces a Sonia le preguntaban adónde estaba el “loro”, ¡y ella se estaba tragando las citas de los compañeros!

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En estas dos compañeras resumo lo que fui diciendo de cada una de ellas. Las compañeras desaparecidas, fugadas del Buen Pastor, eran: Helena Harriague, viuda de Quiroga, la mamá de Sabino; Rosa “Tota” Novillo Corvalán; Zulma Rosario Ataide; Ana Vilma Moreno de Agüero; Susana Cristina Ávila; Ana María Liendo; Alicia Raquel D´ambra; Sonia Alicia Blesa y Norma Hilda Melani. Todas sus caídas son un ejemplo.

– Carmen: Yo quería agregar que esto es lo más importante para nosotras, pero que también hay compañeras que están vivas, y que a su vez, han sufrido muchísimo, que les costó recuperarse con sus hijos, que después estuvieron presas muchos años, fueron muy maltratadas y torturadas por haber sido fugadas.

– Les agradecemos mucho el haberse acercado hasta aquí.
Cristina: Nosotras también queremos agradecerles en nombre de las compañeras y en el de la memoria, porque aunque tarde, esto es el rescate de la memoria.

Nota publicada el 23 de marzo de 2008 en Indymedia Cordoba

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