“Todos tenemos que salir a la calle”

Norita estuvo otra vez en Córdoba con motivo de la presentación del libro que narra su vida y sus luchas de ayer y hoy titulado “Norita, la madre de todas las batallas”. El encuentro fue en el Museo de Antropología, donde nos dejó reflexiones sobre el pasado, el presente y las posibilidades de un futuro revolucionario con la memoria como materia prima para su construcción.

“Norita es un puente entre las luchas históricas y las luchas actuales. Entre nuestras heroínas del pañuelo blanco y la revolución del pañuelo verde. Es un puente generacional entre las luchas históricas, las actuales, y el futuro que soñamos. Norita es un puente entre la memoria y la utopía”. La cita fue el pasado viernes y así comenzaba la presentación del libro su autor, Gerardo Szalkowicz, quien junto a Claudia Korol introdujeron a Norita en el marco  del 15º Encuentro de Redes de Educadorxs Populares Paulo Freire.

Nora Cortiñas, Claudia Korol y Gerardo Szalkowicz durante la presentación del libro

Previamente, el panel Córdoba a 50 años del Cordobazo – Aprendizajes y memorias de las luchas populares había tenido como disertantes a Marta Sagadin, Taurino Atencio y Héctor Tosco. Todavía se respiraba el clima de aquel 29 de mayo, el humo de las barricadas, la familiar intimidad a la que nos acerca Héctor cuando habla de su padre, y a la vez se palpitaba la llegada de Norita, esa mujer que de algún modo se las ingenia para estar en todas partes.

Tal vez no haya otrx referentx político en estos tiempos que despierte lo que ella, en la militancia. Es una especie de rockstar de los derechos humanos pero que con sus 89 años resiste a cualquier intento de romantización: llama a organizarse y salir a las calles más que nunca, ya sea contra este gobierno, al que trata de cagones, o contra el que venga. Porque ya sea por las víctimas de gatillo fácil, lxs trabajadorxs de la línea 60 o el derecho al aborto legal, seguro y gratuito, la lucha es en las calles.

Su aparición desató el aplauso de una sala que desbordaba de emociones y de gente. Gerardo, el autor del libro Norita, la madre de todas las batallas, contó que ella no estaba de acuerdo con el proyecto. Llevó mucho tiempo convencerla porque le parecía injusto que se hiciera un libro acerca de su vida cuando su lucha forma parte de una lucha colectiva. Le parecía injusto para con las otras Madres. “Debería haber 30 mil libros en la calle con la historia de cada madre y cada familia”, diría más adelante Norita, como escapándole a cierto modo de construir referencialidad.

Ya sentada, micrófono en mano, la Madre de todas las batallas comenzó hablando del contenido del libro que la retrata: “Acá en la Argentina para hacer un libro no hace falta inventar nada, vivimos el horror, vivimos con más de 500 campos de concentración (…) se torturó, se asesinó, se robó a niños para sacarles la identidad, una metodología nazi, cruel, terrible. Se llevaron a madres que buscaban a los hijos, se torturó a mujeres embarazadas. Se provocaban abortos en los campos de concentración, y no se preocupaba la iglesia”.

El terrorismo de Estado fue el comienzo de la desgracia familiar de Nora Morales de Cortiñas: la desaparición de su hijo Gustavo en 1977. Pero también fue el puntapié inicial del historial de lucha incansable que el libro presentado intenta condensar en sus páginas. “Se hizo de todo”, enfatiza Norita, “¿Qué podemos inventar de lo que vivimos durante el terrorismo de Estado? Nada. Nos llevaron una parte de nuestra vida en cada casa, en cada familia. La desaparición forzada de personas es el crimen de crímenes. No hay mayor crimen”.

Consciente de la coyuntura actual, informada sobre todo lo que (nos) pasa y enojada con un gobierno que se encargó de reflotar a nivel oficial el negacionismo y la teoría de los dos demonios, Norita levanta la bandera de la memoria: “Es una historia que no se perdona, que no se olvida, y no nos reconciliamos con ninguno de los genocidas, jamás”.

Casi no dejó temas de actualidad afuera. Con una lucidez envidiable hizo un recorrido por las batallas que nos atraviesan, y el dolor por la lucha docente en Chubut y el fallecimiento de las maestras Jorgelina Ruiz Díaz y María Cristina Aguilar no fue la excepción: “Para pagar la deuda externa no les pagan a los maestros. De este gobierno no hay que aceptar nada, porque todo lo que firmó fue en contra del pueblo”.

El hilo conductor y el método propuesto para la transformación, en coherencia con su vida, siempre es la lucha en las calles: “Cada vez que hay una marcha, una protesta todos tenemos que salir a la calle, nadie en nuestro país puede sentirse cansado. Nosotros tenemos que dar vuelta este bajón que hicieron con todos nuestros derechos, salir y ser millones en las calles y decir que no vamos a entregar nuestro país, nuestro pueblo, nuestras tierras, tenemos que defenderlos”.

También habló sobre la coyuntura electoral, las luchas feministas, haciendo hincapié en no dejar de luchar y ni de ser críticxs con ningún gobierno ni con ninguna de sus posibles alternativas: “En este momento los políticos hacen su propaganda y la cambian al día siguiente. Cuando empiezan dicen ‘vamos a permitir la ley del aborto’, pero cuando salen del candelero y exigimos dicen ‘sí pero ahora no, no es el momento, después’”.

Las luchas de ayer, hoy y siempre

En la sala se encontraban además presentes familiares de víctimas de la represión estatal, con quienes más tarde se fundiría en abrazos y lágrimas compartidas. Generaciones distintas unidas por el dolor, dolor que fue transformado en lucha.

Gabriela Sanso y Viviana Alegre junto a Norita

Años atrás, bajo gobiernos dictatoriales, hoy en democracia, el Estado persigue, turtura, detiene, desaparece y mata. Norita ni ayer ni hoy se quedó callada: “Exigimos vivir con dignidad, que no haya hambre, que no haya gente durmiendo en la calle, que no apaleen a los pibes en las comisarías. Estos últimos días hemos visto a las madres de los pibes asesinados por la policía; las viven llevando presas, allanando sus casas, golpeándolas, amenazándolas por teléfono. Cada juicio que hay esa familia tiene amenazas todo el día.”

Norita se refería al caso de Emilia Vassallo, la mamá de Paly Alcorta, fusilado por el policía bonaerense Ariel Tolaba en 2013. Días atrás un grupo de uniformados entró a su casa de Morón, golpeó a sus hijos y la ató a una silla hasta que llegaron sus abogados. Las amenazas y otras formas de amedrentamiento no nos son ajenas en nuestra provincia. Por mencionar un ejemplo, basta recordar cuando Gabriela Sanso (quien se encontraba presente), mamá de Rodrigo Sánchez, recibía fotos de su hijo muerto con mensajes celebratorios de su fusilamiento, todo ello desde una cuenta con vinculaciones a la Policía de Córdoba.

Norita y Gabriela Sanso, madre de Rodrigo Sánchez, fusilado por la policía en 2015

“Pero no podemos vivir así”, afirma Norita, volviéndonos al eje, que es la lucha. “Porque el gobierno nos tiene miedo a nosotros, por eso vallan todo, no nos dejan pasar en las marchas, nos persiguen. El gobierno nos tiene miedo, son cagones (…) Tenemos que seguir luchando (…) No hay que perdonarles nada de las maldades y las perversiones que hacen”.

Retomando lo que había escuchado en el panel anterior a su presentación, Norita decía que “hay que escuchar al hijo de Tosco, a mí me emociona, porque quiere decir que no bajamos los brazos. Que la herencia sea herencia de lucha: la fuerza del pueblo, las ganas de hacer la revolución. Quizás sea una revolución sin escopetas ni fusiles, quizás tengamos que inventar una revolución en la que no tengamos que poner los muertos nosotros, como cada vez que hay que enfrentar al poder”.

Sobre el final, y hablando de los mandatos de silencio en torno al terrorismo de Estado y las desapariciones en democracia, mencionó el ejemplo de un colegio en el que se hicieron bajar carteles que hacían mención a Santiago Maldonado, postal repetida en distintas instituciones a lo largo del país.

Al respecto volvió a hacer énfasis en la importancia central de la organización y la lucha: “Cómo sería si no hubiéramos salido a las calles en todo el país. Ahora escuchamos algunas voces, gente olvidadiza, que dice que es mejor no salir a la calle. Qué equivocada está la gente. Digo equivocada porque no quiero pensar que se entregan a la opinión de los políticos ya desde ahora. Tenemos mucho que batallar porque gane quien gane van a tener que escucharnos”.

Más fotos de la presentación del libro Norita, la Madre de todas las batallas en Córdoba

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