“Nuestros genocidas no mataron a mujeres embarazadas” – El Dr. Cornet y su postura “provida”

Por Cecilia Rodrigues para Mucho Palo Noticias

Falsedades y defensa del Terrorismo de Estado

Mientras la ola verde ruge hacia una jornada histórica en el Senado de la Nación hoy 8 de agosto, con la votación de la Ley de interrupción voluntaria del embarazo, una lucha por la conquista de derechos que el movimiento de mujeres lleva adelante hace más de 30 años, el patriarcado muestra su cara más fascista, violenta y reaccionaria: incidentes, golpizas violentas, y destrozos en actividades en favor de la ley.

También en los últimos meses se pudieron escuchar las peligrosas declaraciones en torno al preservativo y la porcelana, y al mismo Albino en su función de médico y asesor del Ministerio de Salud de la Nación, declarar que el preservativo no protege del VIH, introduciendo en miles de jóvenes la duda, porque por absurdo que sean sus comentarios, los lugares de poder, ejercen eso, poder.

Castidad, las dos vidas, cerrá las piernas, obligar a abortar, matar un ingeniero, fetos con domicilio y DNI; miles de frases nefastas que quedarán grabadas en la memoria y en la historia de esta lucha histórica.

Pero ayer un capítulo más se sumó al horror bizarro de las reflexiones a favor del aborto clandestino: en Villa Carlos Paz, en un panel organizado por el Colegio de Abogados, el Dr. Manuel Cornet, abogado cordobés de reconocido nombre en la Facultad de Derecho de la UNC de la que fue Vice Decano entre 1999 y 2012, sostuvo que “Fíjense que en el siglo XIX cuando se condenaba a una mujer, si estaba embarazada no se la mataba. NUESTROS genocidas de la última dictadura no mataron a las mujeres embarazadas, esperaban a que naciera el niño, después la mataban o desaparecían a la mujer… razón por la cual existen las Abuelas de Plaza de Mayo, las abuelas que buscan los nietos, porque a los nietos no los mataban… por el respeto que tenían hasta esos asesino por el derecho por nacer, él no era GUERRILLERO, no había cometido ningún hecho, era un tercero extraño. A la madre ilegítimamente le hacían lo que querían: tirarla por un barranco, la enterraban, la mataban, pero el niño era inocente”.

Como respuesta, organismos de Derechos Humanos de Córdoba emitieron un comunicado:

“..Al respecto como organismos de Derechos Humanos manifestamos nuestro enérgico repudio. Estos dichos, similares a los que hace poco esgrimieron los diputados Massot y Orellana, atentan contra la verdad y apelan a la banalización de lo ocurrido. Tal como ha sido acreditado en múltiples causas por delitos de lesa humanidad, las mujeres cautivas en los campos de concentración y entre ellas mujeres gestantes, fueron sometidas a condiciones infrahumanas, torturas y abusos sexuales con particular ensañamiento. (..)

Tampoco se privó de estos padecimientos a niñas y niños sometidos a las mismas condiciones que sus padres, 400 de los cuales permanecen aún  desaparecidos sin conocer su verdadera identidad debido al plan sistemático de apropiación.

Negar estos crímenes cometidos contra mujeres embarazadas, niñas y niños, implica sostener los mismos argumentos con que los genocidas justifican sus aberrantes crímenes, lo cual no debe pasar inadvertido, más aún si se trata de un profesional del derecho que ejerce la docencia y cuyo deber es educar en Derechos Humanos….”

Cornet es un abogado de renombre en Córdoba y profesor de larga trayectoria en la Facultad de Derecho más antigua del país, y respecto a su reivindicación del carácter “respetuoso” de los genocidas para con los niños por nacer de sus cautivas embarazadas, hay que recordar que no es un novato en la defensa de la dictadura y el Terrorismo de Estado.

En octubre de 1978 el Dr. Manuel Cornet junto a una larguísima lista de docentes de la UNC suscribió una carta en defensa del régimen genocida dirigida al embajador de los Estados Unidos en Argentina, Raúl Castro. En ella se refieren a la campaña de denuncias por las violaciones a los Derechos Humanos realizada por familiares de detenidos desaparecidos en conjunto con exiliados políticos como “Campaña Antiargentina”, reivindicando la “pacificación” del país.

Ninguno de los firmantes, muchos de ellos abogados y juristas, se disculparon ni hicieron jamás una autocrítica por este apoyo explícito al régimen dictatorial. Muchos de ellos ocuparon en democracia importantes cargos en el Poder Judicial, en la dirección de la Universidad Nacional de Córdoba, en la docencia y en instituciones como el Colegio de Abogados de Córdoba.

La postura “provida” del Dr. Cornet no intenta ocultar la reivindicación de los genocidas, la que comparte con otros conocidos defensores del genocidio. Aunque se refiera a ellos como “esos asesinos”, no deja de nombrarlos como “nuestros genocidas” y rescata una supuesta conducta “respetuosa” de los asesinos y torturadores para con lxs hijxs por nacer de sus secuestradas embarazadas

La reivindicación de la conducta de mantener a la madre prisionera con vida hasta el parto raya con la reivindicación de la apropiación de menores, pero además se basa en sostener información que, o bien es falsa, o bien debería explicar de dónde la tiene. Son muchos los casos de nietxs buscadxs que aún no se resolvieron. ¿Le consta al Dr. Cornet que nacieron con vida?

Al respecto resulta más que ofensiva la temeraria afirmación de que “Las Abuelas buscan los nietos porque a los nietos no los mataban, por el respeto que tenían hasta esos asesinos por el niño por nacer…”.

Todos los familiares de detenidxs desaparecidxs lxs buscaron y lxs buscan con vida, a todxs, no solamente a los niñxs, pero solamente de estxs últimos se puede presumir con algún grado de certeza que se encuentran con vida.

En el caso particular de Abuelas de Plaza de Mayo, sus investigaciones permitieron establecer que aún durante la dictadura existía un plan de apropiación de lxs niñxs nacidxs en cautiverio y de niñxs secuestradxs junto a sus padres.

El hecho de que se continúe su búsqueda se basa en la presunción de que están con vida pero cada caso debe ser investigado y corroborado, dada la acción clandestina y terrorista del plan de genocidio que nunca brindó información certera sobre el destino de esos menores, al contrario, se dedicó a negar su existencia y ocultar información.

Los 128 casos resueltos de nietxs encontrados dan la razón a las Abuelas acerca de la existencia del plan de apropiación de menores, pero entre los casos resueltos de niñxs desaparecidxs se cuentan varios casos de bebés asesinadxs en el vientre materno junto a sus madres, como los casos de Ramona Benítez de Amarilla y Susana Elena Ossola de Urra, ambas asesinadas embarazadas de tres meses, o el de Isabel Soto de Cian, asesinada cuando cursaba ocho meses de embarazo, si bien se podrían citar varios otros casos.

Por lo tanto, no es verdad que los genocidas no mataron a mujeres embarazadas: lo hicieron inclusive con mujeres que cursaban embarazos avanzados.

Además hay que resaltar que la condición de embarazadas no eximía a las prisioneras de la tortura, circunstancias relatadas en centenares de testimonios de sobrevivientes. Torturas que podían causar la muerte del niñx por nacer, como se relata en el caso de Dora Beatriz Noriega, detenida embarazada entre los meses de octubre y noviembre de 1976, alojada y torturada en el centro de detención que funcionó en el Regimiento de Infantería 9 “Coronel Pagola”, Corrientes.

Los testimonios de varios sobrevivientes la ubican en el centro clandestino en muy mal estado debido a las torturas. El sobreviviente Carlos Achar Carlomagno declaró en el juicio causa RI9: “Dorita se encontraba embarazada y muy débil; después supe que a causa de las torturas el bebé había muerto y como no se lo sacaron se le pudrió adentro, ella también figura como desaparecida”. Aproximadamente, el 12 de diciembre de ese año fue trasladada y asesinada en el operativo conjunto del Ejército Argentino y la policía de Chaco conocido como Masacre de Margarita Belén. Su cuerpo aún no fue encontrado.

Otra muestra del horror extremo que eran capaces de cometer los genocidas es el caso de Susana Valle, hija del Gral. Juan José Valle. Fue secuestrada en 1978 en ámbito del III Cuerpo de Ejército; se hallaba embarazada de mellizos.

El general Menéndez la mandó a prisión y la vigiló personalmente. Fue esposada a una cama de mármol en la morgue de un hospital, embarazada, y sometida a picana eléctrica, se le provocó el parto prematuro de mellizos: uno de ellos nació muerto y fue colocado sobre su pecho y el otro, que nació vivo, fue colocado lejos de su alcance pero a su vista, hasta que Susana lo vio fallecer. Posteriormente Susana fue dejada en libertad.

Las prisioneras embarazadas que llegaban al parto en esas inhumanas condiciones eran obligadas a parir engrilladas, en el piso, con la certeza de la muerte rondando a su alrededor, víctimas del plan genocida dentro del cual se las mantenía con vida únicamente para robarles sus hijxs.

Los genocidas y torturadores no “esperaron que naciera el niño y después desaparecieron o mataron a la mujer”, como dice el Dr. Cornet. En los casos en que no mataron a las prisioneras embarazadas o no causaron la muerte del feto por torturas, mantenían a la madre con vida exclusivamente para apropiarse del niñx. Luego ellas eran desechadas como envases vacíos.

¿Cuál es la reivindicación posible de tal conducta por parte de los genocidas del Dr. Cornet? ¿De eso se trata la defensa de la vida?

 

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