El poder y sus lacayos

Por: Eugenio Talbot Wright, para Mucho Palo Noticias /

La reconciliación y el 2×1

Los integrantes de la sagrada familia, tanto judicial como clerical, bajo un manto de absoluta impunidad nos sorprendieron con algunas trágicas noticias que solo pueden comprenderse si analizamos parte del complejo panorama político que hoy estamos viviendo.

La descalificación a lxs trabajadorxs y sus reclamos, la embestida contra lxs docentes, las frases del presidente de “caer en la escuela publica” versus acceder a la calidad educativa privada, junto con el intento de reforma curricular para implementar la enseñanza religiosa, aportan algunos datos que nos permiten comprender una parte de los procesos que culminaron en estos días con las dos terribles acciones llevadas adelante por el episcopado y la corte suprema de justicia.

El mensaje que nos quieren dejar sin duda es que hay que borrar la historia.

Comencemos recordando que en 1955 durante el gobierno de Aramburu, se promulgó una ley (conocida como ley de enseñanza libre) hecha a medida de los intereses de la Iglesia católica y la oligarquía, que permitía la creación de casas de estudios privadas, en donde la religión tenia absoluta injerencia. Gracias a distintos procesos de lucha, el 19 de septiembre de 1958, se produjo una de las movilizaciones más grandes e importantes por parte del estudiantado para defender el carácter laico de la educación pública Argentina.

Días antes se habían concentrado en una manifestación el sector de defensores de la enseñanza Libre encabezado por el Arzobispo de La Plata Monseñor Plaza, que contaba con el apoyo absoluto de los principales medios de comunicación.

Pero como decía Walsh, hay que romper el círculo y hoy los que pretenden despojarnos de la memoria vuelven a plantear los mismos argumentos que los poderosos, los empresarios, los fascistas y los integrantes de la mafiosa cúpula de la iglesia católica de aquellos tiempos.

El clero omnipresente en el poder económico y político, vuelve a remarcar con sus voceros la diferencia entre la enseñanza pública y privada; libre y laica. Vuelve a predicar la contracara de la justicia y la memoria, que es la reconciliación, la caridad y el olvido.

El poder cuenta con sus apéndices y sus lacayos como la sagrada familia judicial, que mostró su participación y subordinación para mantener inalterables las inmorales prácticas del poder económico y político.

Como caricaturescas figuras que intentan replicar los hábitos monárquicos “sus señorías” en los “palacios judiciales” imparten justicia sentados en sus ornamentadas sillas siempre debajo de un gran crucifijo y, en sintonía con la sociedad mafiosa que más tiempo ha perdurado en la historia del planeta, la iglesia católica, intentan aplicar el beneficio del 2×1 a los genocidas, mientras la empresa religiosa nos invita a la reconciliación.

Pretenden que olvidemos los crímenes cometidos durante la última dictadura cívico eclesiástico militar. Crímenes que se replican día tras día, cuando 300 personas apropiadas desconocen su realidad. Cuando 30000 asesinadxs siguen desaparecidxs gracias pactos de silencio.

Esperan que no nos demos cuenta que aún en democracia, las prácticas del aparato represivo son utilizadas por muchas de las estructuras del Estado. Y es que para los poderosos hoy más que nunca es necesario borrar la memoria, cuando los cómplices civiles de la dictadura y sus familiares son los que están en los altos cargos de gobierno, manejando con absoluta impunidad la economía, la justicia e intentando poner a las instituciones educativas y sus trabajadores bajo su dominio extorsivo .

Lejos quedaron las primeras líneas de la proclama universitaria de 1918 que decía: “Hombres de una república libre, acabamos de romper la última cadena que, en pleno siglo XX, nos ataba a la antigua dominación monárquica y monástica”. La cadena nunca ha dejado de someternos, porque no hemos sido lo suficientemente consientes o valientes como para arrancar de raíz y terminar con los grandes poderes dominantes.

Esperemos volvamos a entender parte de aquella proclama que nos decía: “Los dolores que quedan son las libertades que faltan”. Libertades que conquistaremos cuando hayamos acabado con las grandes mafias enquistadas en el Estado Argentino y mundial.

Por eso, no olvidamos, no perdonamos, no nos reconciliamos.

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