La vida sin precio

A los pocos días de la represión y sobre la sangre caliente derramada en las calles de Villa 9 de Julio en Argüello, un enviado del gobierno de De La Sota golpeó la puerta de la casa de la Familia Moreno. Traía un encargo.

El calor aún asfixiaba y no era tan solo por tratarse de un diciembre caluroso, sino que el aire faltaba por la conmoción del reciente asesinato de David. Para la familia Moreno, lo ocurrido era (y aún hoy lo es) inexplicable, cómo su hijo había llegado a caer en esa bestial cacería.

Luego de presentarse y dar las condolencias, el enviado de la Procuración General del Tesoro Provincial Juan Carlos Bisoglio, sin tantos preámbulos y valiéndose de la consternación de Rosa y Eduardo, no demoró en hacer la oferta para “calmar” a la familia.

David ya había sido enterrado y fue la abogada de la familia, María Elba Martínez quien después de varias diligencias realizadas ante la policía y el poder judicial recuperó el cuerpo del niño para ser entregado a la familia para velarlo y enterrarlo dignamente bajo una tierra que aún siente la tristeza.

Sobre la mesa, la misma en la cual David había comido, estudiado, charlado con sus hermanxs y amigxs, el procurador hizo su oferta de 50 mil indignos pesos que puso a disposición de la familia. Ante la mirada doliente e incomprensible de la mamá y el papá, el funcionario posiblemente sintió que el daño causado por el Estado que representaba debía ser reparado con más dinero. Y no dudó de hacer una propuesta que no rechazarían; “Si quieren más, se lo damos”. El silencio, el mismo que se escucha ante el dolor, se hizo presente y el Procurador recibió una magistral clase de dignidad.

Eduardo lo ha dicho con voz calma cientos de veces a quienes quieran escuchar la respuesta que le dieron: “Lo que nosotros queremos es justicia”.

El funcionario apuró su partida, se despidió, salió rumbo a su auto, al subirse aflojó su corbata para poder respirar. Mientras volvía a la casa de gobierno pensó, deberemos ir por otros caminos para poder frenar esto.

Han pasado 15 años. Contra cientos de obstáculos el juicio se lleva adelante en los tribunales penales. Frente al tribunal, Rosa y Eduardo contaron lo ocurrido aquel día que mostraron que la vida de su hijo no tiene precio y por unos minutos se respiró dignidad en el recinto.

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