“Pla, la bala”

Por Lau

Me muevo con la cámara como escudo. Freno. No sé si me da más susto el estruendo del ruido o la bala que ya pegó en mi cuerpo. “Pla la bala”, la siento en mi pierna. Sigo corriendo. “Pla la bala”, en la cabeza. Me tiro al piso, la cámara escudo rebota en la calle. Veo a través de su pantalla las corridas y siento el silencio ese que hace que parezca que estás mirando todo desde afuera. Me levanto. La cámara de la compañera tiembla, la miro y veo su pestañeo espasmódico por otro “Pla”. Nos metemos detrás de un árbol. La policía avanza desde otro frente.

Nos cruzamos para resguardarnos. Quedamos encerradas en las escalinatas del edificio colindante a la Catedral (que al parecer es la Municipalidad). Sigo sintiendo la cámara apretada cada vez más fuerte y me doy cuenta que las ideas son el escudo de inercia por la cual no me quiero mover de ahí. La policía avanza no podemos salir y nos apuntan, disparan. “Pla la bala” rebota en una de las columnas de mármol que tenemos entre medio. La compañera comunicadora de mi lado les dispara gritos de que paren: -¡¿Qué?! ¿nos están apuntando? ¿Le vas a tirar a la prensa? ¿Le estas tirando a la prensa, vas a seguir? ¡Te tenemos registrado!- El policía nos clava la mirada desquiciada de casco encerrado hermético y desvía su arma para seguir disparando a las mujeres.

Dos segundos más: gas lacrimógeno, me pica la cara, me explotan lágrimas en los ojos, no paran, intento correrme, miedo, creo que no puedo sostener la situación, siento que me ganan. La compañera del lado me mira, se sube el pañuelo verde a la cara, me doy cuenta que también lo llevo puesto pero aún así no pudo protegerme. Nos damos cuenta que tenemos que correr, lo hacemos juntas, pasamos por el frente de la Catedral, las policías mujeres nos miran. Mirada de culpa, quieren acercarse al parecer a ayudar. Una me toca para correrme, le saco la mano. Intento mirarla pero no veo nada, mis ojos son lágrimas. Me salen palabras: -¡No me toques! ¿Qué mas necesitas?- le agarro su mano y me la quito.

Sigo corriendo, perdí a mi compañera. Pienso y recuerdo: limón para los ojos. Miro mi celular, que ya estaba en ahorro de batería, me quedan 5% de posibilidades para comunicarme. Ante la réplica compañera el aparato explota en llamadas perdidas y mensajes.

Ausente de “Estado” me sentí más segura y desee quedarme ahí, mirando el accionar del ser humano, del patriarcado, de las fuerzas asesinas registradas, en evidencia de querer callar las voces y los registros. De ese “Estado Soberano” que permite que estas cosas sucedan, ese que reafirma el patriarcado en cada bala, en cada bota. Ese que no escucha las demandas planteadas que intenta minimizarlas a través de estos poderes: Iglesia, Policía, Medios Hegemónicos.

“Paredes pintadas, destrozos” (yo digo Violaciones y Feminicidios). “Chicas en Tetas” (yo digo que no son como las de Tinelli que se pueden ver de lunes a viernes casi que sin protección al menor). “Tiraban botellas” (Yo digo que no son como las balas certeras que gatilla la policía y se llevan vidas año a año) y así podría seguir pero no soporto la contradicción.

El 31 Encuentro Nacional de Mujeres celebrado en Rosario, tuvo 90 mil voces femeninas cantando, gritando, escribiendo, demandando, luchando por poner en evidencia y en dabate lo que hace siglos el patriarcado y el machismo silencia. Fueron tres días con 69 talleres, 140 actividades culturales, 45 cuadras de marcha, creatividad, encuentro, abrazos, llantos, pogo, cumbia, ovarios y felicidad, mucha felicidad.

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