“Nunca hubo tanta gente presa como ahora en la Argentina”

Por Ana Schimelman / La Revancha.

Mientras unos dicen “entran por una puerta y salen por la otra”, el diputado Luis Petri envió un proyecto al Congreso para modificar la Ley de Ejecución Penal, para poner más trabas en el proceso de reinserción social. Guillermo Nicora, fiscal de Mar del Plata e integrante del Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales y Sociales (INECIP), analizó la situación de la población penal hoy en Argentina, en una entrevista con el programa radial La Revancha (FM La Tribu)


-¿Qué cambios buscan establecer estos dos proyectos, tanto el del radical Luis Petri como el presentado por la massista Mónica Litsa?

-Lamentable ambos proyectos demuestran una posición hipócrita: dicen estar preocupados por la inseguridad, tratando de evitar la reincidencia de las personas, pero lo hacen a través de medidas que no aportan a eso sino todo lo contrario. Si yo tengo una persona que tiene que cumplir una condena de 9 años de prisión y tiene 6 años de encierro obligatorio más 3 años de libertad condicional, es porque el sistema dice que la vuelta a la sociedad de alguien que estuvo preso durante un tiempo prolongado tiene que ser gradual, con apoyo y control. Si nosotros, a alguna categoría de persona que consideramos ha cometido un delito más grave, la tenemos encerrada 9 años en vez de 6, lo único que hacemos es empeorar la situación de inseguridad. Si se supone que es un delincuente más peligroso, tendríamos que tener un procedimiento más gradual, no menos. Además, lo que no dice nadie de estos proyectos, es que si durante los 6 o 9 años lo único que hacemos es tener al tipo tirado en un pozo inmundo, donde tiene que pelear a cuchillazos para conservar sus zapatillas o para que no le roben la comida que le trae su familia, evidentemente lo único que vamos a hacer es construir gente más violenta.

-De alguna manera lo que no contemplan estos proyectos es el proceso de resocialización…

-Exactamente, dicen que quieren mejorar la situación de inseguridad y lo único que hacen es transformar en animales a las personas que ya entraron con problemas de violencia. Esta cárcel que tenemos hoy que no la cerramos porque no tenemos un plan alternativo, y hablo de esto a nivel humanidad: no hay, desgraciadamente, alternativas que se hayan construido para no usar más la cárcel. Esta tiene que servir para bajar los niveles de violencia, de exclusión social, y construir personas más integradas, más respetuosas del marco legal en el cual nos desenvolvemos

-Al mismo tiempo que se vuelve a instalar la idea de puerta giratoria, tenemos estadísticas que marcan que en los últimos 20 años la población carcelaria paso de 25.000 a 65.000. Tuvo que ver el aumento de esta cantidad de presos con las políticas punitorias que se vieron en este y los últimos gobiernos?

-En la jurisdicción que me compete que es la Provincia de Buenos Aires, esto viene creciendo sostenidamente. El gobierno de Ruckauf fue un pico muy alto, cuando se instalaron las ideas de mano dura en la sociedad. Las cárceles no tienen nada que ver con centros de rehabilitación, son guardaderos de personas de muy mala calidad. Con el gobierno de Scioli, bajo la evocación de la emergencia de seguridad, también hubo un crecimiento muy recto y fuerte de la población penal, bajo la idea de que hay que sacar de circulación a la gente, lo cual es una locura.

-Y que también contradice a la idea de la puerta giratoria…

-El problema está también en la terminología. A nivel mundial, se llama ‘puerta giratoria’ al fenómeno por el cual los funcionarios públicos salen de la función pública para ir a trabajar a empresas privadas, y luego vuelven al sector estatal, ejemplo Aranguren con Shell y la energía. Este es un problema muy serio que nada tiene que ver con la seguridad de los presos. Saliendo de este problema de terminología, esta idea de que nadie va preso es insólita. Tenemos una enorme cantidad de presos cada 100.000 habitantes como nunca hemos tenido: nunca hemos tenido tanta gente presa en la Argentina como en la actualidad.

-¿Qué resultados trajo este incremento tanto de la población carcelaria como de las políticas punitivas?

-Lo que se pretende es lo que ya se está haciendo: meter más gente amontonada, uno arriba del otro, en cárceles que no están preparadas para tener tanta población. Necesariamente, una cárcel superpoblada es una cárcel violenta, no se puede manejar adecuadamente. Obliga a la gente a tener que pelear por el espacio, por el colchón, por la ducha por el teléfono, por el trabajo, por la educación y por todo.

-¿Creés que se puede hacer una modificación a la ejecución penal actual para mejorar la resocialización de los presos?

-Sí, yo creo que hay que re significar la resocialización. Creo que la cárcel actual es mala pero es nuestra tarea volverla lo menos mala posible. Hace seis años que trabajo como fiscal de ejecución y estoy en contacto con personas que están privadas de su libertad, y puedo asegurar que en algunos casos, a algunas personas la cárcel les salva la vida, les endereza algunos problemas, aprenden a estudiar, a pensar una vida distinta. Claro que es una minoría de casos, pero sí creo por esto que hay que apostar a una resocialización que apueste a la inclusión y no únicamente al encierro, sobre todo en cárceles que no estén superpobladas. Hay mucha gente que no tendría que estar en la cárcel, que podría haber recibido otra respuesta frente al delito cometido que no necesariamente involucrase el encierro. Las personas que no cometen delitos violentos no deberían recibir una respuesta violenta como la cárcel

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