Te olvidaste que venimos de la misma villa y la misma cuadra

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Por Lucia Membribes (hermana de Julian Gonzalo Alvez)

Julián Gonzalo Alvez 1994 – 2015.

Julián era un joven de 20 años que tenía sueños y proyectos, una madre, un padre, dos hermanas, amigos y una compañera.

Hacía un mes que vivía sólo, manteniendo los gastos con mucho trabajo. Una persona alegre, educada, respetuosa, fiestera, amorosa y muy querido por su familia y amigos, pero crecer en el barrio lo condenó a muerte.

El 19 de Septiembre aparece muerto un pibe en su casa a las tres de la mañana, un supuesto suicidio habría sido lo que lo dejó sin vida y hasta ahí llega la causa y la justicia.

Después de 11 meses, luego de investigar por cuenta propia se destapa la verdad. A Julián lo mató la policía, cuatro efectivos de la provincia de Córdoba esa noche se cobraron la vida de él golpeandolo y finalizando su trabajo con un tiró en la cabeza.

Este 23 de Agosto marchamos para pedir justicia por Julián y por todos y todas lxs pibxs que nos arrebataron estas políticas de seguridad ideadas por el poder político y ejercidas por la policía. No nos da lo mismo que no haya otro Julián, que no haya otra Yamila Cuello, no nos da lo mismo. No queremos ver más represión en las calles, detenciones arbitrarias, torturas en las celdas. ¡Basta ya de abuso policial! Justicia por Julián Alvez.

Por una seguridad que nos incluya a todos y todas. Mientras falte un joven en la mesa no hablaremos jamás de código de convivencia. Juliá Alvez presente, ahora y siempre.

 

…..Y así sin más que contar, que parte me oirás, si te cuento que me mataron en vida, sí… así.

Recuerdo su cuchillo ultrajando mis huesos, ultrajando mi vida, queriendo buscar entre el páncreas o los riñones algo de humanidad en mi, porque claro, como me va a gustar la rola y la gorra, ¿algo cínico los muchachos no?.

Meritócratas, sí, si es mi culpa que hayan matado a mi hermano, y la culpa también la tiene él.

Meritócratas, sí, si es mi culpa porque me gusta que sus balas impacten siempre contra mi pecho, o el pechito de Santino, o en el de Nicolas, en el de Güere o en el de Rodrigo.

Meritócratas, sí, si es mi culpa. Yo busco robar para ver llorar, y hacer llorar a las madres, porque el que mal anda mal acaba, y yo acabo con un tiro por la espada.

Yo la verdad, entre tanta gente insolente, arrugada, corrugada y sucia, prefiero morir. Y si decís que la vida es efímera, aún más triste te vas a poner cuando veas, nos mires, a los que crecimos en el barrio -la escoria-.

Luminiscencia, así llamo yo a la gente de acá, gente de poco brillo, pero tanto como para hacerse notar en lo oscuro, algo así como un mal necesario. Y les juro que acá soy feliz, hasta que vienen los ratis y empieza de nuevo a correr sangre, sus palos cortan mi cuerpo, me zumban los oídos, me late la cabeza. La sangre me brota por el cuerpo y la vomito, me ahogo, ni siquiera puedo defenderme porque me tienen esposado. Luego sacan su peor arma, la inconmensurable violencia que sale de sus mentes y empiezan a arrojarme con palabras diciendo que nos merecemos esto, por ser negros de mierda y motochorros, ¿y qué?. ¿Me vas a decir que vos me rescatarías?,

La gente sigue pasando como si nada, como cosa de todos los días que solo le pasa a otros. Algunos me filman para después subirlo a internet y decir: “acá está, acá está, ladrón linchado”, o solo para que ese morbo no se quede en la realidad sino que se pierda toda mi sangre por las redes sociales. Otros se quedan parados gritándome cosas como “negro de mierda, choro, rata, cachivache, negro, negro”. ¿Por qué mierda no se van por el recalcado camino de la humanidad?. Mi único delito fue tener el coraje de ir al centro, nada más, y ahora, se me cruzan mil destinos de amigos y familia que los mataron o desaparecieron estos asesinos, que me matan a mi por posible delincuente.

Lo único que me queda es rezarle a dios y pedirle que los golpes no me hagan sentir tanto dolor y que me lleve rápido, al cielo… al cielo de los renegados, yo no quiero ir al vip, yo quiero encontrarme con Yamila Cuello, con Vanesa Castaño, con Ismael Sosa, con Rodrigo Sanchez, con Nicolás Nadal, con mi hermano Julián Alvez, con Facundo Alegre, con Miguel Torres, con Juan Alarcon, Lautaro Torres, Jorge Reyna, Ezequiel Barraza, David Moreno, Braian Guaiman, Ivan Rivadero, Güere Pellico, con Angelo, con Santino Cabanilla, Mauricio Araujo y con los 30.000 compañeros y compañeras desaparecidxs.

Y así, sin más, mi gorra quedará manchada con sangre, pero su gorra quedará manchada con indiferencia, porque vos rati, te olvidaste que venimos de la misma villa y la misma cuadra….

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