¡Ni una bala más, ni un pibe, ni una piba menos!

Documento leído en la Marcha Nacional Contra el Gatillo Fácil organizada por la Coordinadora de Familiares de Víctimas del Gatillo Fácil, en Córdoba


Hoy, 23 de Agosto, tomamos las calles nuevamente para repudiar y denunciar públicamente los continuos atropellos que sufrimos por parte del Estado. A manos de un aparato represivo que jamás fue desmantelado y que hoy vivimos con el accionar de la policía a través del gatillo fácil, los desaparecidos en democracia, con las torturas y asesinatos en cárceles, comisarías e institutos de menores.

La Coordinadora de Familiares de Víctimas del Gatillo Fácil se formó hace dos años, al no recibir respuestas a nuestra situación. Sufrimos la frialdad con la que la supuesta justicia trataba nuestros casos y cómo las causas quedaban paradas con excusas como “intercambio de disparos”, “legítima defensa”, y “frondoso prontuario”; legitimando y encubriendo el accionar de los responsables. Muchas de nosotras tuvimos que investigar por nuestra propia cuenta, encontrando muchísimas irregularidades en los procesos, pagamos nuestros propios peritos forenses, sin lograr que las causas avanzaran.

De esta forma nos encontramos con familiares que estaban pasando por lo mismo y por estas razones decidimos ganar las calles y gritar que son casos de gatillo fácil y no enfrentamientos como ellos dicen. Y acá estamos, organizándonos de forma autónoma. Cada vez somos más, cada vez somos más fuertes y sabemos que no estamos solas.

Como Coordinadora nos preguntamos, ¿a dónde quedaron los derechos humanos para los presos en los institutos y en las cárceles? ¿Dónde quedaron los derechos que prometen las leyes y convenciones internacionales?
El Estado y las autoridades no intervienen desde la prevención y la contención, lo hacen desde la represión. Vemos que lo primero que se hace es ir y encarcelar, muchas veces a personas que son responsables de delitos menores y personas que son inocentes, que se les han armado causas.

En las cárceles se sobrevive con los derechos violados y bajo el hostigamiento del servicio penitenciario, quien los somete continuamente a torturas físicas y psicológicas. Desde el convivir en cárceles superpobladas (casos de 6 personas en celdas para 1) y en condiciones insalubres (baños fríos en pleno invierno, teniendo que hacer en las mismas celdas sus necesidades, comidas poco nutritivas, casi sin luz y agua).

Importando sus modelos de EEUU, en Córdoba, cárceles como Bower , Cruz del Eje y Villa Maria, utilizan métodos que se usaban en las dictaduras. A los presos tan solo por pedir traslados, o mejores condiciones, los encierran en celdas de aislamiento, con un plato de comida por día, sin abrigo, a veces hasta atados a camas de sujeción. Así los tienen por días. Y vale recalcar las brutales golpizas y requisas ilegales que reciben. Los presos son humillados constantemente. No se respeta su privacidad y su derecho a recibir visitas (lo más importante para una persona en condición de encierro), visitas que también son sometidas a su régimen verdugo. La atención médica que reciben -si es que la reciben- son calmantes para mantenerlos dopados y anestesiados. Luego, suceden los asesinatos encubriéndolos de suicidios o duelo de presos.

De las cárceles se sale muerto o enfermo (física y psicológicamente). Enfermedades como tuberculosis y enfermedades venéreas, con las defensas bajas y desnutridos.

Nosotras sabemos que el estado a través de su aparato carcelario los mata y enferma sistemáticamente, hemos denunciado esta situación y nadie nos ha escuchado.

Desde la Coordinadora nos ocupamos de denunciar y visibilizar al gatillo fácil como una práctica represiva del Estado hacia nosotros, los de abajo, en nuestros propios barrios.

En la mayoría de los casos los pibes fueron fusilados por la espalda; ya heridos de gravedad, o incluso muertos, tenemos testimonios en donde cuentan que estos asesinos los han esposado y querido reducir, cuando ya era visible su indefensión. Las ambulancias han tardado en llegar, los pibes han sido asesinados. Cuando pueden implantan armas al lado de los cuerpos para después justificar sus acciones a los ciudadanos en los medios de formación de la opinión pública masiva: “fue un tiroteo entre bandas”, “había robado”, “era un delincuente”.

Nosotras sabemos que el delincuente no nace, se hace. Los pibes son empujados, indirecta o directamente, a ser “delincuentes”. Indirectamente por un sistema que te dice que para encajar en la sociedad hay que tener ciertas cosas. Directamente, por la misma policía que contrata a nuestros hijos para robar. Estos pibes están vulnerables y necesitan que se les muestren otros caminos, no persecución y criminalización como pasa.

Nosotras como familiares que denunciamos además de haber perdido a nuestros seres queridos, también tenemos que soportar la persecución: han tiroteado nuestras casas, nos han enviado mensajes amenazantes en contra de nuestros familiares y amigos y muchas otras morbosidades para asustarnos.

En todo este entramado de injusticias está el sistema judicial. Repudiamos a la supuesta señora justicia que encubre estos casos y a sus responsables, como también de narcotráfico, de trata de personas, de desapariciones en democracia; en los que muy seguido está involucrada la misma policía.

Sus estrategias son asquerosas. Los forenses incentivan a las familiares para cremar los cuerpos, así se borran las evidencias y pueden salvaguardar a los policías (quienes asustan e intimidan a los testigos). Así, van revocando evidencias, tratando de asegurarse de que haya cada vez menos pruebas, para asegurar sus espaldas.

En muchos casos se repite que los hechos pasaron en lugares monitoreados por cámaras de seguridad, hemos pedido las filmaciones como pruebas y no hay nada, nos dicen. Sabemos que están en manos de la fuerza policial y que ellos no van a entregarlas. Y entonces, ¿la seguridad para quién es?

Nuestros procesos judiciales son mucho más lentos que cualquier otra causa común, esperando que las familias se cansen de buscar la justicia y se cierren las causas. Así, estos asesinos puedan quedar sobreseídos, que no haya pruebas de este accionar y que nos olvidemos de dónde proviene esta violencia, que es sistemática y se repite.

Nos preguntamos, también: ¿donde están los responsables de estas muertes? Tenemos un caso en donde uno de los asesinos trabaja en tribunales al día de hoy, otro en la escuela de policía. Lo sentimos como una burla de parte de la justicia y pedimos que se los juzgue como presos comunes.

Los procedimientos se repiten, como formulas, burlándose de nosotras y a su vez respaldados por los medios masivos que también son funcionales al armado de las causas, al lavado de cara de los responsables, manipulando la verdadera información y justificando así el accionar de la fuerza policial.

Vivimos cada vez más en barrios militarizados. Vemos cada vez más patrulleros en las calles, más cámaras de seguridad o video vigilancia, vemos cómo se le da a la policía cada vez más presupuesto, en vez de mejorar la educación y la salud.

El nuevo código de convivencia facilita la posibilidad de las detenciones arbitrarias y violentas de la policía, basadas en la discriminación y la criminalización. Figuras ridículas como la “actitud sospechosa” posibilitan y hacen moneda corriente los procedimientos irregulares.

Los pibes y pibas son vulnerables al vivir en barrios carenciados y villas, en donde son perseguidos desde muy temprana edad por la policía, quienes a toda costa quieren demostrar que son ellos quienes mandan ahí. Vivimos la impunidad en carne propia, respaldada por las leyes que solo benefician a unos pocos.

Otra parte de este sistema que nos quiere sometidas, es la Ley Anti-piquetes creada para darle poder a las fuerzas represivas del estado para intervenir criminalizando la protesta y reprimiendo a quienes luchan por sus derechos y la ley anti terrorista que amenaza con la cárcel a todo el que cuestione el orden establecido.

La delincuencia es un negocio para el estado. Las cárceles son negocios, criminalizan la pobreza, somos un numero mas para él, los de abajo somos muchos mas y es conveniente tenernos encerrados y humillados.

Sabemos que nos quieren separadas y desinformadas, pero por más que no quieran, nos estamos empoderando, somos cada vez más, más unidas y nuestra voz se escucha.

Todo esto, nos toca a todas en nuestras vidas. Y es por eso que es necesario salir a gritar de las cosas que pasan y que no se hablan. Por nosotras y por los pibes y pibas que nos quitaron y los que todavía están. Nuestros pibes tenían una vida, una familia y acá estamos, luchando y organizándonos.

Por eso gritamos:

¡Ni una bala más, ni un pibe ni una piba menos!
¡Basta de desapariciones forzadas!
¡Basta de torturas en cárceles y comisarías!
¡Basta de gatillo fácil!

Gracias a las personas y organizaciones que hoy nos acompañan.

¡Gracias a los medios alternativos que hacen que nuestra voz se escuche cada vez más por esas redes en donde antes había desinformación y mentira, que viva nuestra lucha!

Lautaro Torres, Miguel Angel Torres, Braian Guaiman, Rodrigo Sanchez, Ivan Rivadero, Vanesa Castaño, Jorge Romero, Cristian Guevara, Miguel Arraigada, Jorge Reyna, Yamila Cuello, Facundo Rivera Alegre, Guere Pellico, Emanuel Panetta, Ezequiel Barraza, Exequiel Saldaño, Juan Carlos Alarcon, David Moreno, Nicolas Nadal, Santino Cabanillas, Heraldo Eslava.

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