Mal que les pese a algunos, la memoria crece

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Documento completo leído al finalizar una de las convocatorias a  la marcha en repudio al 40 aniversario del golpe de estado.

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Acá estamos, otro 24 de marzo en las calles, porque mal que les pese a algunos, la memoria crece. Y cuando hay memoria hay lucha. La sociedad cordobesa y el país, otra vez aunamos nuestras voces para gritar “Nunca Más”. Nos juntamos en las plazas, en los colegios, en las fábricas, en las calles, en donde nuestra voz deba retumbar y como siempre gritaremos “Ni un paso atrás”.

Gritamos como lo hicieron nuestras queridas viejas cada jueves en la plaza, buscando a sus seres queridos. Gritaremos como Sonia, como la Emi D´Ambra, como la Pabla Chabrol, como la Irma Ramaciotti. Como gritaron Amalio Rey y Santiago D´Ambra. Como gritan las Abuelas, los Familiares y los Ex Presos Políticos de Córdoba. Como hoy gritamos los H.I.J.O.S. y el pueblo movilizado de Córdoba. Y estos gritos que hoy se convierten en condenas para los genocidas, que cometieron crímenes aberrantes en La Perla, en la D2, en Campo de la Ribera, en la D2 de Unquillo, en el Puesto Caminero de Pilar y en todos los lugares donde funcionaron los centros clandestinos de detención en la provincia de Córdoba. Hoy ellos son juzgados, y se respetan todos y cada uno de los derechos que tienen como ciudadanos, derechos que sus víctimas no tuvieron.

Pero con ese grito de lucha hay reflexión. Hoy a 40 años del inicio del golpe cívico-militar, sabemos que el genocidio fue hecho para instalar políticas económicas, sociales y culturales que castigaron al pueblo y enriquecieron a unos pocos. Porque el terror de la desaparición, la persecución y asesinato de militantes, el robo de niños, la tortura y el exilio, sólo se entienden si nos animamos a ver de una buena vez cuáles fueron las políticas que aplicaron los dictadores y sus socios: cierre de empresas, despidos masivos, concentración de medios de comunicación, deuda externa impagable. El horror de los campos de concentración sólo se entiende con los brindis que hacían los Videlas y los Menéndez con los Blaquier, los Fortabat, Los Mitres, los Magnetto y los Massot.

Debemos recordar que desde el exterior también se fogoneó la ruptura democrática a través del Plan Cóndor. Los Estados Unidos con sus embajadas y sus agentes pusieron en jaque a las democracias populares, como al gobierno socialista de Salvador Allende en Chile, como hicieron con el gobierno desarrollista de Joao Goulart en Brasil, como lo hicieron en Uruguay, en Perú, en Paraguay, como lo hicieron en Bolivia. Hoy vemos cómo nuevamente el imperialismo ataca a los gobiernos populares ya no con su brazo armado sino con sus nuevas viejas armas: los medios masivos de comunicación y los grupos económicos dominantes.

Los pueblos de Latinoamérica no permitiremos Nunca Más que los mismos de siempre entreguen la soberanía de nuestra Patria Grande.

Porque los neoliberales siempre quieren menos Estado de bienestar para el pueblo y más estado para reprimir los conflictos sociales atacando los derechos civiles y políticos más básicos. La dictadura genocida fue el ejemplo más atroz de ese modelo, pero hoy todos y todas sabemos que para que existan los Martinez de Hoz y los Cavallo, es necesaria la persecución a los y las militantes y la represión a todo el que piense distinto.

Por ello creemos que debemos evitar que el repudio de lo sucedido en la última dictadura cívico-militar se convierta en una retórica políticamente correcta pero abstracta, vacía, y desvinculada de los conflictos sociales actuales. Quienes luchamos por la defensa y la vigencia de todos los derechos humanos como base para construir una democracia que sirva al pueblo y no a las corporaciones económicas, queremos exactamente lo contrario: queremos que en su uso legítimo de la fuerza para mantener la paz y la seguridad, los agentes del Estado no violen nunca más los derechos civiles y políticos de las personas. Por eso repudiamos las políticas represivas y discriminatorias, ejercidas a través del Código de Faltas, ahora llamado Código de Convivencia, y del Protocolo de Seguridad. Mientras haya detenciones arbitrarias, presos políticos como Milagro Sala, o torturas en las cárceles, lejos estaremos de tener un pleno Estado de derecho.
Exigimos que los Estados Nacionales, Provinciales y Municipales garanticen la integridad física de los militantes, que día a día, llevan la voz del compromiso con el otro, esa voz que nos dejaron los 30.000.

Pero no sólo eso. La doctrina de los derechos humanos exige que el Estado intervenga activamente para garantizar el acceso a los derechos elementales más básicos: trabajo, salud, educación, habitar en un medio ambiente sano . Necesitamos y queremos políticas públicas que piensen la seguridad en términos democráticos: si se cierran fábricas, si miles de empleados públicos y privados son despedidos, si a la riqueza que producimos con nuestro esfuerzo se la van a volver a llevar las grandes corporaciones trasnacionales y los fondos buitres, nos volvemos más inseguros. No hay inseguridad más dolorosa que no saber si podremos garantizar una vida digna para nuestros hijos.
Por eso, 40 años después, la lucha por la Memoria, la Verdad y la Justicia no sólo tiene que ver con la memoria de la reparación de nuestros compañeros desaparecidos y asesinados. Se trata de rescatar el contenido político de su militancia. Porque tenemos el orgullo de ser sus herederos en la lucha, porque tenemos la dignidad de ser parte de este pueblo que a lo largo de los 200 años, desde que declaramos nuestra independencia como Nación Libre y Soberana, supo dar batallas enormes contra la oligarquía.
Nosotros no olvidamos que Córdoba fue cuna de un movimiento estudiantil que luchó contra el oscurantismo medieval y logró la Reforma Universitaria. Nosotros no olvidamos que Córdoba fue uno de los lugares donde se produjo lo más avanzado que tuvo la historia del movimiento sindical, desde la resistencia al golpe gorila del ’55; los programas de la Falda y Huerta Grande; hasta la resistencia a la dictadura de Onganía de donde nacieron el Cordobazo y el Vivorazo; Como asi tambien la lucha contra las privatizaciones y los despidos en los ’90.
En esta tierra y no en otra se parieron a algunos de los mejores dirigentes que tuvo el sindicalismo argentino, todos ellos víctimas de la dictadura genocida. Como el Gringo Tosco, René Salamanca, Atilio López y el compañero Tomas Di Toffino.
Nosotros no olvidamos la lucha de los organismos de derechos humanos, que resistieron durante lo más duro de la dictadura genocida, que soportaron la teoría de los dos demonios, los indultos durante la época menemista y que lograron la condena a Menéndez y a Videla a cárcel común, perpetua y efectiva.
Hoy, vemos un panorama donde muchos de los derechos conquistados por el pueblo argentino están puestos en tela de juicio, dond las políticas de Memoria, Verdad y Justicia, los juicios a los genocidas y la recuperación de la identidad de los nietos que nos faltan, son nuevamente puestas en discusión con una renovada teoría de los dos demonios. Pero no solo eso, sino todo lo conseguido por el pueblo argentino: las jubilaciones, la ley de medios, la ley de accesos a nuevas tecnologías, la ley de acceso a la tierra y otros tantos derechos conquistados por la lucha.
Hoy, que los buitres de siempre quieren convertirnos en carroña de sus negocios, decimos NO a la deuda externa, decimos NO a los despidos masivos, decimos NO a que al ajuste lo paguemos los laburantes. Nos quieren hacer creer otra vez en las recetas mágicas del Fondo Monetario Internacional. Ya lo sabemos, ya nos pasó: son todas medidas que nos regresan a una economia para pocos.

No es sencillo lo que nos toca. Quizás porque muchos de los y las que estamos hoy acá crecimos en la dictadura y el neoliberalismo, estamos parados en un lugar donde se busca que los trabajadores no se sientan trabajadores, que se sientan otra cosa. Pero no parte de la clase obrera, ni parte del pueblo.
Esto tiene que ver con la cabeza que nos dejaron, primero los milicos a fuerza y sangre y después la democracia neoliberal, machacando todos los días desde los medios de comunicación, metiendonos la idea de que cada uno se salva solo.

Creemos decididamente que el camino es el contrario, que el camino es la solidaridad, la organización y la lucha colectiva. Para defender la democracia todos los días y en todos lados debemos comenzar a discutir con el que piensa distinto, desde la construcción de consensos y con la convicción de que los derechos se conquistan y se defienden con organización y con participación popular. Los treinta mil lucharon por un país para todos y hoy más que nunca es necesario recordar y retomar su ejemplo. En las plazas, en los barrios y en las calles es necesario defender la militancia como herramienta de lucha y de transformación social.
Nosotros debemos recordar a los compañeros que estuvieron detenidos, desaparecidos o asesinados y tenemos la obligacion dellevar sus banderas como una forma de reivindicar los ideales por los que lucharon. Y en cada uno de los actos, en cada uno de los sindicatos, de los partidos políticos, de las aulas, de las parroquias y en cada lugar desde donde nos paremos para intentar transformar la realidad debemos saber que esos compañeros que hoy no están físicamente, están en la memoria de todos nosotros: nos enseñan a vivir con dignidad y nos marcan un camino de lucha. Sus voces nos siguen haciendo falta y con la dignidad en alto ahora más que nunca sigamos defendiendo y ampliando nuestros derechos. Por eso con todas nuestras fuerzas decimos:

Por la vigencia del estado de derecho, la libertad de milagro Sala y contra la criminalización de la protesta.

30.000 compañeros y compañeras desaparecidos PRESENTES, AHORA Y SIEMPRE!!!!

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