Secuestro y desidia del estado

Natalia Suárez la joven secuestrada

Por: Por nati ((i))

Un día antes de que la política represiva del gobierno provincial fuera noticia nuevamente en la movilización contra el aumento del transporte público, la denuncia pública de Natalia Suárez y de la organización AMMAR a raíz del secuestro del que fue víctima, volvió a dejar en evidencia el carácter profundamente discriminador y criminal de la policía y la justicia cordobesas.

El lunes 3 de febrero, se realizó una conferencia de prensa en el local del Círculo Sindical de la Prensa convocada por AMMAR, Natalia Suárez y su familia, acompañadas por la CTA Córdoba, miembros de la Red por el Reconocimiento del Trabajo Sexual y diferentes espacios políticos y medios de comunicación.

En ella se dieron detalles del calvario vivido por Natalia Suarez, trabajadora sexual, quien fuera secuestrada en la ciudad de Alta Gracia el día 25 de enero pasado. Permaneció desaparecida durante seis días, durante los cuales, a pesar de las denuncias y la desesperada búsqueda de su familia, la policía y la justicia de la provincia no tomaron ninguna medida para dar con su paradero. Sólo su insistencia y la intervención y acompañamiento de AMMAR y de quienes apoyaron la búsqueda hizo posible que Natalia recuperara su libertad.

Cronología de los hechos

  • Sábado 25 de enero: desaparece Natalia en la ciudad de Alta Gracia.
  • Lunes 27: La familia radica la denuncia en la Unidad Judicial del Barrio Chateau Carreras.
  • Miércoles 29: se trasladan a la comisaría de Alta Gracia, ciudad donde había desaparecido. Acercan información precisa y datos de la última persona con la que fue vista Natalia.
  • Jueves 30: a partir del pedido de la familia, se hacen presentes en la Unidad Judicial de Alta Gracia integrantes de AMMAR. Ante la presión acceden a tomar la denuncia, aparece el sumario digitalizado y simultáneamente,  en otro lugar de la ciudad, es liberada Natalia Suárez. Pasa la noche internada en el hospital Arturo Illia.
  • Viernes 31: Natalia se traslada a la comisaría nuevamente para radicar una nueva denuncia. Ante la indignación de sus hermanas frente al maltrato policial, son golpeadas y una de ellas esposada.
  • Lunes 3 de febrero: se realiza la conferencia de prensa en el local del CISPREN. Por la tarde se comunican desde la Jefatura de Policía para convocarlas a una audiencia.
  • Martes 4: Audiencia con el jefe de policía Julio César Suárez, quien no aporta ninguna novedad sobre el secuestro de Natalia Suárez, pero manifiesta su preocupación y se compromete a pedir una reunión con el ministro de seguridad para crear y capacitar un grupo específico para estas situaciones.
  • Domingo 9: sin novedades en la investigación.

Es que resulta difícil evitar suspicacias cuando, de la cronología de lo sucedido, surge que la aparición de Natalia tuvo que ver exclusivamente con la visibilización de su situación y la denuncia y escrache sobre la policía de Alta Gracia y no con el accionar comprometido de un estado movilizado por la desaparición de una ciudadana. Recién cuando las integrantes de AMMAR se hicieron presentes en la Unidad Judicial de Alta Gracia, el 30 de enero, apareció Natalia en la esquina de las calles Alfonsín y Libertador de la ciudad de Alta Gracia, con marcas evidentes de haber sido atada, golpeada y drogada por sus captores. Como señala en diversos comunicados la organización, cabe aclarar que no fue encontrada por la policía -que nunca la buscó-, sino por sus propias compañeras que dieron aviso inmediato. Minutos antes, “milagrosamente”, había aparecido el sumario digitalizado iniciado tras la denuncia de la desaparición (realizada inicialmente en la Unidad Judicial 22 de la ciudad de Córdoba, donde ella vive).

Sus palabras son más que elocuentes: “…cuando yo me bajé de ese auto o de ese lugar donde estuve, yo volví a nacer de nuevo. Y más allá de que me hizo daño seguramente, que no quiero saberlo ni voy a recordar porque dormía, yo estoy lista para salir, para defender mis derechos, no me siento mal por ser trabajadora sexual porque con eso les doy de comer a mis hijos y los crié con eso, no tengo vergüenza de eso. Sí tengo vergüenza de la justicia que tengo y del país en que vivo, porque vivo en un país en democracia y, sin embargo, durante siete días estuve vulnerable, nadie estuvo al lado mío, nadie me ayudó (…) Estuve internada todo un día, porque estuve deshidratada. Ahora todo el mundo me mira como un conejito de la india, a ver si tengo marcas, si tengo cicatrices, mis cicatrices están por dentro, las voy a llevar toda la vida. Lo que yo pasé esos días nadie lo va a borrar, va a vivir en mí. Y yo decía ayer, aunque es como una frase armada, cuando decimos que no haya más Natalias, y que no haya más ninguna. Yo lo digo desde lo más profundo, no quiero que me pase a mí no a ninguna compañera por ser trabajadora sexual, ni a ninguna mujer”

Lo sucedido con Natalia y la indiferencia/complicidad de los distintos estamentos del estado, no ha hecho más que reforzar una denuncia que el sindicato de trabajadoras sexuales viene realizando desde la aprobación de la aplaudida ley provincial de trata: las políticas de la Secretaría de Lucha contra la Trata (a cargo de Amelia Chiófalo) y del gobierno provincial, amén de ser parte de la misma política represiva desplegada en otros ámbitos, se dirige fundamentalmente a criminalizar a las trabajadoras sexuales, y no a perseguir a proxenetas y/o a rescatar víctimas de redes de trata de personas.

Difícil refutar esta afirmación cuando se dan situaciones como la descrita por Eugenia Aravena, secretaria general de AMMAR: “la semana pasada hubo más de 40 mujeres y trans en la puerta de una comisaria exigiendo que les tomen las denuncias de una persona que las está amenazando para sacarles dinero, y no querían tomarles la denuncia, (…) se sigue mirando para otro lado y mostrando y desenmascarando que en realidad no se quiere perseguir el proxenetismo en Argentina. Sigue siendo parte de una mafia muy grande en complicidad con la justicia y con la policía. Además de las denuncias que ya están presentadas sobre proxenetas de trabajadoras sexuales y que duermen en la justicia. Hasta cuándo vamos a seguir soportando que las autoridades sigan esta discriminación explicita por el hecho de ser trabajadora sexual”.

La respuesta, como en el caso de Natalia, sigue siendo la organización, la solidaridad y la lucha. Y de esto, da cuenta claramente ella en su testimonio: “Él –su secuestrador- tuvo un fin conmigo, creo que de trata, pero algo salió mal. Se dio cuenta de que yo no estaba sola, no imaginó que me iban a buscar todos. Yo no tendría que estar acá. Cuando AMMAR se movilizó, justo en ese momento, aparezco yo”.

Finalmente, AMMAR reafirmó su decisión en un comunicado de “seguir acompañando a la familia en el reclamo para que se detenga a quienes mantuvieron secuestrada a Natalia y a sus cómplices, denunciando también el desempeño discriminatorio de la Justicia y la Policía de la ciudad de Alta Gracia, así como también la falta de respuesta de parte del área de Protección las Personas de la Policía de la provincia de Córdoba a cargo del señor comisario Zarate para que esto no vuelva a suceder nunca más”.

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